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¿Dónde está Dios?

Después de unos días de descanso, poco a poco la claridad comienza a volver a mí, al menos como para compartir una de las últimas cosas de las que me he dado cuenta durante este año y que creo que es muy importante compartir.

Cuando hace más de 20 años comencé a estudiar metafísica con mi abuelo siguiendo las enseñanzas de Conny Méndez, una de las cosas más importantes que aprendí fue que Dios no estaba en el cielo, sino que estaba dentro de mí, pues todos estamos hechos a “imagen y semejanza del creador”.

Y creo que durante este tiempo hemos hecho un excelente trabajo en lograr traer esa idea a la consciencia de las personas, para poder experimentarlo, sentirlo y vivir desde el empoderamiento que significa comprender que Dios está dentro de cada uno, dentro de ti, y que tu eres Dios.

Sin embargo, durante los últimos meses, y especialmente al entrar en el estado de consicencia no-ordinario que significa la canalización, comencé a sentir que cada vez que realizaba el ejercicio, Dios no sólo estaba dentro de mí, sino que podía sentirlo permeándose a todos lados, como si nada estuviera separado y todo fuese siempre una sola fuerza de vida.

Entonces comencé a sentir, y a hablar, a contarle a las personas que asisten a mis cursos y charlas de esta necesidad de ver el siguiente paso, de darnos cuenta ya, que Dios no solo está dentro de nosotros, sino que irremediablemente está en todas partes. Pero esta idea, esta vivencia aun no lograba cristalizarse en una forma en que pudiese darlo por hecho siempre, me faltaba un eslabón hasta que un día mientras intentaba explicar el funcionamiento de las mentes (si, tenemos 3 mentes al menos) a una amiga me di cuenta de lo obvio, y que además siempre ha estado allí dentro del manual del Curso de Canalización que armó Pepper Lewis. “Nosotros moramos dentro de la mente viviente de todo lo que es”.

No es que Dios esté en todo, si no que ¡nosotros estamos dentro de Dios!

La felicidad que sentí cuando me di cuenta de eso fue sublime, y cuando calzó con lo que hace tiempo había recibido en canalización de mi maestro: “El Alma recuerda ser el Todo, y por eso busca integrar siempre todo lo que separó para volver a ser el Todo”.

Cuando estamos en el vientre materno, en el útero de nuestra madre somos el todo, lo experimentamos totalmente y cuando nacemos, simplemente experimentamos un nuevo útero, el útero de la divinidad completa donde está todo lo que necesitamos para continuar nuestro desarrollo y crecimiento, esta vez como Alma y Espíritu.

¿Puedes sentirlo?