¿Qué propone Latinoamérica en la Espiritualidad?

Hace unos años atrás en la revista “El Sábado” del periódico “El Mercurio”, el más importante de Chile, un sacerdote hacía una reflexión respecto al estado de la iglesia católica chilena y decía: “Las personas han encontrado la espiritualidad en las clases de yoga”.

Quizás pueda parecer algo obvio para quienes conocen la profundidad que tiene el Yoga si es que se practica con la mira más allá de solo estirar o tonificar el cuerpo, pero creo que es una acusación y recibo del síntoma que hay hoy en Latinoamérica respecto a lo que ha sucedido con nuestra espiritualidad.

Hasta hace 20 años atrás la mayoría de ella se basaba en la iglesia católica, pero poco a poco los escándalos de pedofilia, corrupción y el darse cuenta de las personas que hay experiencias que viven que simplemente no son aceptadas por ella, fue haciendo que muchos se aventurasen a buscar la espiritualidad en otros caminos como el yoga, el budismo, los ángeles, las terapias alternativas y muchos otros más.

El desafío que eso ha creado durante el último tiempo es que aquella exploración si bien es cierto es necesaria de hacerse en soledad, es decir, de primera fuente, lo que ha sucedido es que muchos se están perdiendo en esa exploración y han comenzado a acumular cursos, talleres y técnicas de manera superficial en un afán que se parece más a intentar llenar un albúm de laminitas que a la búsqueda de encontrar la divinidad interna.

Así me es común toparme en mis clases y viajes con personas que tienen un currículum muy amplio en horas de formación en técnicas y formatos espirituales, pero que luchan por encontrar su propósito o misión de vida, y que por lo tanto se quedan en solo buscar algo que les permita vivir de manera tranquila, además de ayudar a otros a sanarse.

Me parece que es una labor super linda y altruista poder dedicar la mayoría de tu tiempo a que otros puedan sanarse, pero creo que en los momentos en los que estamos no basta con eso.

No basta con replicar técnicas importadas, porque entonces no estamos siguiendo nuestro propio camino, y menos lo estamos construyendo. Al hacer esto nos convertimos en simples copias de lo que alguien más propuso, y antes de que lleguen a decirme que “hay muchas personas en Latinoamérica que han creado sus propias técnicas de sanación”, permíteme dejar en claro que no se trata de la técnica, pues la espiritualidad no está fundamentada en eso, la espiritualidad se trata de cómo llegamos a sentirnos, vernos y actuar de forma completa, sin separación y en armonía con todo lo que somos, y para eso no hay una técnica, aquello se logra con trabajo consciente, pero ese no es el punto ahora.

Mi punto es que en cuanto a espiritualidad como Latinoamericanos no hemos sido capaces de proponer nada nuevo, siendo que somos la cuna de civilizaciones antiguas que comprendían la espiritualidad desde una relación total e integral con la tierra, preferimos tomar textos importados de otros lados del mundo (hindúes, budistas, evangelistas, y teosóficos por decir algunos) que no se ajustan a la realidad de la cultura donde estamos.

Carl Jung al publicar la traducción del libro chino “el Secreto de la Flor de Oro” en la introducción hacía una advertencia:

“El error común (por ejemplo el teosófico) del hombre de Occidente, consisten en que, como el estudiante en Fausto, mal aconsejado por el diablo vuelve con desprecio la espalda a la ciencia y, percibiendo superficialmente el éxtasis del Este, emprende prácticas yogas al pie de la letra e imita deplorablemente. Así abandona su único suelo seguro, el espíritu occidental, y se pierde entre un vapor de palabras y conceptos que jamás se hubieran originado en cerebros europeos y sobre los que jamás pueden injertarse con provecho.

Un antiguo adepto dijo: “Pero si el hombre erróneo usa el medio correcto, el medio correcto actúa erróneamente”. Ese proverbio de la sabiduría china, por desgracia tan sólo demasiado cierto, está en abrupto contraste con nuestra creencia en el método “correcto”, independientemente del hombre que lo emplea. En verdad, todo depende, en esas cosas, del hombre, y poco o nada del método. El método es ciertamente sólo el camino y la dirección que uno toma, mediante lo cual el cómo de su obrar es la fiel expresión de su ser. Si esto no es así, el método no es más que una afectación, algo artificialmente aprendido como un agregado, sin raíces ni savia, sirviendo al objetivo ilegal del autoencubrimiento, un medio de ilusionarse sobre sí mismo y escapar a la ley quizás implacable del propio ser”.

Para poner un ejemplo sencillo que me suelo topar en conversaciones y en las clases de canalización, quiero referirme a la idea de “El Astral”, como el campo donde existe lo invisible y la energía de la creación, y al cual usualmente se refiere con el término “bajo astral” para denominar el lugar donde están los seres malignos.

El término “Astral” proviene de la Teosofía (Sociedad Teosófica) fundada por Madame Helena Blavatsky en 1875, y que tenía como objetivo estudiar comparativamente las religiones, la ciencia y la filosofía, desde el punto de vista de que todas ellas parten desde un mismo principio universal. Esto me parece no solamente revolucionario para ese momento del tiempo y muy pertinente aun al momento donde estamos ahora, pero el desafío está en cómo tomamos el conocimiento de hace casi 150 años.

En 1896, CW Leadbeater, miembro investigador de la sociedad teosófica publicó el libro “El Plano Astral – Sus escenarios, habitantes y fenómenos”, donde describe en detalle los viajes espirituales realizados por maestros y discípulos a este lugar, y ya en el primer párrafo dice:

Aunque en su gran mayoría inconscientes de ello, pasan los hombres toda su vida en medio de un vasto y poblado mundo invisible. Durante el sueño o éxtasis, cuando los conspicuos sentidos físicos quedan temporalmente en suspenso, se le muestra al hombre algo de dicho otro mundo, y a veces regresa de aquellas condiciones con memoria más o menos vaga de lo que vio y oyó allí”.

Y luego continúa refiriéndose a los sueños en el Capítulo II, donde habla de las clases de habitantes humanos del astral:

3ª Clase EL INDIVIDUO VULGAR.- Carece de facultades psíquicas y flota vagamente en su cuerpo astral durante el sueño del físico en más o menos inconsciente condición. Durante el sueño profundo, el Ego con el cuerpo astral se retira del físico y permanece en su contigüidad, pero si el individuo está muy poco desarrollado psíquicamente, queda tan inactivo como el cuerpo físico. Sin embargo, en algunos casos, el cuerpo astral flota como en sueños a impulso de las corrientes astrales y eventualmente reconoce a otros Egos en la misma condición, y tiene experiencias agradables o desagradables, cuyo recuerdo irremediablemente confuso y a menudo transmutado en grotesca caricatura de lo realmente ocurrido, es causa de que al despertar el individuo crea que tuvo un sueño muy extraño. Todas las personas cultas de los países civilizados del mundo terrestre tienen hoy día bastante aguzado los sentidos astrales, de suerte que si se resolvieran a examinar las realidades que les rodean durante el sueño del cuerpo físico, serían capaces de observarlas y aprender mucho de ellas”.

Es decir, Leadbeater nos está hablando del mundo de los sueños. ¿o es qué nunca has tenido un sueño así?

Lo importante aquí es darnos cuenta que el libro citado de Leadbeater, fue publicado tres años antes de “La Interpretación de los sueños” libro de Sigmund Freud que fue impreso en alemán por primera vez en 1899, y que dio el primer paso a todo el estudio de los sueños de la psicología freudiana y también de Jung y Adler posteriormente.

Pero hay algo aún más importante, y es que para cuando Leadbeater escribió el libro citado, recién se comenzaba a hablar de la idea del inconsciente en la psicología, y la teoría y sus resultados prácticos estaban lejos de ser comprendidos del todo. Hoy me atrevo a decir que el mundo o plano astral del que habla Leadbeater no es más que el subconsciente y el superconsciente (o lo que Jung llamó, el inconsciente colectivo), donde habitan todos los seres que el autor teosófico menciona.

El problema es que hasta ahora desde el punto de vista de la espiritualidad, desde la búsqueda por seguir el camino de la añoranza de encontrar la divinidad, ya sea afuera o adentro, nadie se ha tomado el trabajo de hacer este tipo de comparaciones y actualizaciones.

Así como en una carrera universitaria es necesario crear una tesis de grado que avance y aporte al desarrollo del conocimiento de lo que se ha estudiado y el título que obtendremos, en la búsqueda espiritual nos hemos quedado en cursos y talleres demasiado cortos y demasiado vagos donde lo primordial es la técnica en vez del desarrollo del conocimiento y la sabiduría.

Aquí es donde tenemos la gran oportunidad en Latinoamérica de poner manos a la obra y comenzar no solo a sanar, sino que también a investigar para proponer y publicar.

¿Quién se suma a la aventura?


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